4 Diciembre 2008 – 20:39 | by admin
El último rey de Escocia Idi Amín fue otro de los muchos dictadores (de los más sangrientos, eso si) que asolaron Europa. Siempre estuvo envuelto en un halo de misterio, a causa de su extraña, salvaje y deconfiada la idiosincrasia, conocida en el mundo entero. Persona con grandes ínfulas de poder, Comenzó su carrera militar y se ganó la confianza de Obote, lo que en 1971 le permitió tomar por la fuerza el mandato de su país. Su tiranía duró ocho largos años, en los que le dio tiempo a convertirse en el tirano más despreciable de los que jamás poblaron la tierra. En sus comienzos fue un populista de y orador de gran talento, lo que le sirvió para engañar a su pueblo y a todo el resto de países que estaban pendientes de este cambio. Se sirvió de la idea demagógica de liberar a Uganda de su miseria marginalidad para embarcarla en una sociedad de izquierdas mucho más equitativa y próspera.
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Es justo en este punto donde da comienzo la historia de El último rey de Escocia, con la llegada a un poblado de los más pobres de Uganda de un médico de origen escocés recién licenciado, justo en el momento del cambio político más brusco e importante para el país africano, tras el golpe de estado llevado a cabo por el feroz tirano. El médico caerá en gracia a éste, pasando de ser su médico particular a prácticamente su consejero más íntimo sin que sepamos muy bien por qué.
La película está basada en la novela homónima de Giles Poden, que cosechó un gran éxito tanto de crítica como de público, lo que le supuso ganar multitud de premios. Su atractivo reside en la inteligente y ágil mezcla entre ficción y realidad, siendo el máximo exponente de esto que comentamos el personaje del médico, el cual es una invención del autor que funciona como puente entre la parte real, que es la que narra los acontecimientos en Uganda en torno Amín, y la parte de ficción, basada en las tribulaciones del aventurero médico.
Según avanza el film, el espectador es testigo de la transformación del dictador, que va arrojando detalles veraces de su tumultuosa biografía. No obstante, la cosa no va más allá. No acomete ni indaga lo más mínimo el apartado que corresponde a la reflexión sobre el por qué de esa conversión del personaje, ni se pregunta por los posibles mecanismos que se activan en la mente humana para que alguien en virtud del poder, pueda llegar a cometer tantos y tan atroces asesinatos entre su propia gente, lo que es una gran losa para la película a la hora de valorarla.
La mejor baza, sin lugar a dudas, de esta irregular cinta, son las interpretaciones, siendo el gran (tanto por talento, como por tamaño) Forest Whitaker el que más brilla de todo el elenco actoral, pues está inmenso en su composición del tirano ugandés, totalmente creíble y mostrando al espectador la compleja personalidad que caracterizaba a Amín. También el escocés James McAvoy destaca, pero queda ensombrecido ante el enorme talento de su compañero de reparto.que si bien da la talla, su actuación queda soterrada en gran medida por su compañero de reparto.